lunes, 25 de marzo de 2013

Ojos de guerrero

Ahora que eres hombre te das cuenta de tu error.
Tus ojos, tan brillantes como el acero de tu espada sin desenvainar, se incendiaron con los cuentos de la atractiva y manipuladora señorita Guerra. Su perfume a victoria y gloria te nublaron los sentidos y corriste a atraparla. La saboreaste con tus manos, creíste tenerla en tu poder, ser más fuerte que ella, pero la señorita Guerra es astuta y de un golpe certero te arrancó tu juventud. Ella, experta en cantos de sirenas, te prometió el Olimpo y en cambio, obtuviste el Infierno del que hablan los cristianos. Y ahora, siendo hombre, todo te sabe a insípida derrota. Ahora que eres hombre entiendes que ningún triunfo fue verdadero. Y ahora, tus ojos observan el mundo habiendo adquirido el color mate de la sangre seca que mancha tu espada.


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